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Alternativas para desbloquear las arterias de las piernas

Dr. Warner Andrew Oldenburg Cirugía Vascular, Mayo Clinic de Florida, Estados Unidos
Estimada Mayo Clinic: ¿Cuáles son las alternativas de tratamiento para la enfermedad vascular periférica?

Respuesta:

Enfermedad vascular periférica es el nombre con el que se identifica a los trastornos de los vasos sanguíneos que abastecen a las piernas. Se la conoce también como enfermedad arterial periférica (EAP) de la extremidad inferior.

Los Centros para Control y Prevención de Enfermedades, de los Estados Unidos, recientemente informaron que casi la quinta parte de la población estadounidense de 40 años o más padece EAP de la extremidad inferior, caracterizada por un estrechamiento o bloqueo arterial. Los pacientes con EAP normalmente reportan problemas de dolor muscular inducido por el ejercicio, calambres o debilidad en las piernas que se alivia con reposo. El término médico para esto es claudicación.

Los pacientes con EAP avanzado podrían sentir dolor en la pierna inclusive en reposo, cojear al caminar, presentar úlceras que no cicatrizan en la parte inferior de las piernas o, en casos graves, gangrena. Además, la enfermedad puede afectar no sólo a las piernas sino también a los brazos, intestinos y riñones, entre otros órganos.

El tratamiento para la EAP recae dentro de dos áreas principales: controlar los factores de riesgo mediante cambios en el estilo de vida y medicamentos; así como administrar terapia endovascular (dentro del vaso sanguíneo) o realizar una cirugía para destapar las arterias afectadas. Tratar agresivamente los factores cardiovasculares de riesgo es especialmente importante porque los pacientes con EAP también son susceptibles de sufrir un ataque cardíaco o un accidente cerebrovascular.

Dejar de fumar, tratar la hiperlipidemia (niveles elevados de colesterol y/o triglicéridos), hacer más actividad física, además de controlar el peso, la presión sanguínea y la diabetes puede no sólo aliviar los síntomas de la EAP sino también reducir el riesgo de muerte a consecuencia de una enfermedad cardiovascular en 10 a 15 por ciento.

Este tratamiento conservador podría ser suficiente para los pacientes con claudicación leve a moderada; aunque, por lo general, los cambios en el estilo de vida se complementan con terapia medicamentosa. Una de las alternativas es un fármaco antiplaquetario (como la aspirina), que hace menos factible que las plaquetas se junten dentro de los vasos sanguíneos dañados y formen coágulos que causen mayor bloqueo arterial.

Otro tipo de medicamentos de uso común son los fármacos que disminuyen el colesterol, entre ellos, la niacina, las estatinas, los fibratos y los secuestradores del ácido biliar. Al reducir la cantidad de colesterol, especialmente de LDL (el tipo “malo” de colesterol), estos fármacos eliminan parte de la materia prima para la ateroesclerosis.

Una terapia más agresiva sería lo indicado para pacientes con síntomas moderados a graves. Normalmente, un estudio por imágenes (como la RM, TC o angiografía tradicional) logra precisar la ubicación y extensión del bloqueo arterial. Luego, puede emplearse la terapia endovascular “menos invasiva”, factible gracias al tremendo progreso tecnológico ocurrido en los últimos años. En la angioplastia, por ejemplo, se conecta un globo a un catéter (tubo largo y delgado), el cual se introduce por la arteria de la ingle para atravesarlo por el sistema arterial hasta llegar a la arteria periférica estrechada. En ese punto, se infla el globo para destapar la zona estrechada. En algunos casos, se coloca una endoprótesis de metal, que consiste en una especie de tubo con malla de alambre, dentro de la arteria para evitar que se destruya.

Otras alternativas endovasculares para agrandar una arteria estrechada son el láser y el bisturí para cortar (aterectomía). El éxito y durabilidad de estos procedimientos depende de la ubicación, longitud y grado de estrechamiento (estenosis) del bloqueo. Con estas técnicas muy posiblemente puede tratarse con éxito las lesiones pequeñas en una arteria grande que no está completamente obstruida. La terapia endovascular generalmente puede mejorar bastante los síntomas, sin necesidad de cirugía. Estos procedimientos normalmente se realizan de manera ambulatoria o con una internación hospitalaria de 24 horas.

Podría ser necesario recurrir a la cirugía en aquellos pacientes cuya extensa EAP no se muestra propicia para tratamiento con técnicas endovasculares o éstas no la tratarían adecuadamente. La cirugía implica hacer una derivación o reemplazar la sección donde se encuentra el bloqueo arterial, ya sea con una de las venas propias del paciente o con un vaso sanguíneo artificial fabricado, por ejemplo, de poliéster o politetrafluoroetileno (PTFE). Normalmente, el paciente permanece hospitalizado durante 3 a 5 días después de la cirugía.

Este tratamiento puede brindar alivio duradero y recuperar o mejorar la función de las extremidades afectadas.

Dr. Warner Andrew Oldenburg, Cirugía Vascular, Mayo Clinic de Florida, Estados Unidos

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