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Controlar la presión: ¿qué funciona y qué no?

Dr. Stephen C. Textor Nefrología e Hipertensión, Mayo Clinic en Rochester, Minnesota, Estados Unidos
Estimada Mayo Clinic: Tomo L-arginina y L-citrulina porque leí que normalizan la presión sanguínea y disminuyen el riesgo de sufrir un accidente cerebral vascular. ¿Es verdad esto?

Respuesta:

Es muy bueno que usted preste atención a la hipertensión, a la que los médicos consideran el factor de riesgo más tratable para enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrales vasculares. No obstante, hay algunos tratamientos ya comprobados, mientras que otros no; y usted, actualmente, sigue uno de los del último tipo.

En teoría, parecería sensato recurrir a la L-arginina y la L-citrulina, puesto que una de las causas principales de hipertensión en la mayoría de gente es el endurecimiento de las arterias. El óxido nítrico ayuda a contrarrestar dicho endurecimiento y el aminoácido L-arginina es una fuente de óxido nítrico. Por su parte, la L-citrulina, otro aminoácido, es fuente de L-arginina.

Se podría pensar que al inundar el organismo con estas dos sustancias químicas, ampliamente disponibles en forma de suplementos, se reduciría la presión sanguínea y el riesgo consiguiente de sufrir un accidente cerebral vascular. Desgraciadamente, no hay pruebas de que realmente se obtenga ninguno de estos resultados en seres humanos.

Más aún, el uso indiscriminado de suplementos puede conllevar sus propios problemas. Por un lado, está el asunto de la calidad. Debido a que oficialmente no se los considera fármacos, los suplementos no están sujetos a las regulaciones de la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos, de manera que realmente no se sabe qué contienen los productos que usted compró. Por otro lado, debido a que no se ha demostrado que estos suplementos disminuyan la hipertensión, su utilización como sustituto para tratamientos comprobados puede ser nociva.

La presión sanguínea se determina por la cantidad de sangre que el corazón bombea y por el grado de resistencia al flujo de sangre a través de las arterias, las cuales normalmente son flexibles. Cuando las arterias están rígidas, ofrecen mayor resistencia al flujo de sangre y producen presiones sanguíneas mayores. Con el transcurso del tiempo, el daño resultante en los vasos sanguíneos puede derivar en depósitos de grasa en la pared arterial (ateroesclerosis) o en el agrandamiento o abultamiento del vaso sanguíneo (aneurisma) a causa de la debilitación del tejido

Dichas afecciones pueden conducir a un accidente cerebral vascular, que consiste en la interrupción del flujo sanguíneo a una parte del cerebro, o a un sangrado cerebral que puede conllevar problemas graves y pérdidas en la función cerebral.

El mejor “tratamiento” para la hipertensión es, en primer lugar, evitar que ocurra. A pesar de que no se pueden alterar ciertos factores de riesgo, como edad, raza, sexo y antecedentes familiares, otros se encuentran bastante dentro de nuestro control

Los tres cambios más importantes “en el estilo de vida” que una persona puede realizar son: mantener un peso bajo (mayor masa corporal significa que se necesita más sangre para mantener los tejidos y ese flujo mayor crea una fuerza adicional sobre las paredes arteriales); ser más activo físicamente (que disminuye el riesgo de presentar exceso de peso); y minimizar la ingesta de sal (en muchas personas, el sodio conduce a retención de líquidos y aumento en la presión sanguínea). Entre otros cambios deseables en el estilo de vida están el ingerir suficiente potasio (para ayudar a equilibrar los niveles de sodio), disminuir el estrés, no fumar y evitar consumir alcohol en exceso.

A veces, los cambios en el estilo de vida por sí solos no logran bajar suficiente la presión sanguínea y en cuyo caso, podría ser necesario recurrir a medicamentos. Entre las clases principales de medicamentos están: los diuréticos, que ayudan a eliminar el sodio y el agua; los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina, los bloqueadores del receptor de angiotensina II, los bloqueadores del canal de calcio (que ayudan a relajar los vasos sanguíneos); y los bloqueadores beta, que hacen latir más lento y con menos fuerza al corazón. Si bien todos los mencionados y otros más son terapias comprobadas, no existe un tratamiento único que sea mejor para alguien. La decisión depende de la respuesta individual y del historial médico de la persona.

Es importante conversar con su médico sobre las funciones que desempeñan los cambios en el estilo de vida y los medicamentos. Al mantener los cambios en el estilo de vida, la eficacia de los medicamentos podría mejorar, permitiendo utilizar menos fármacos o tomarlos en dosis menores. Por otro lado, su médico podría recomendarle tomar varios fármacos pues, en realidad, la combinación de dosis bajas de diferentes medicamentos puede disminuir la presión sanguínea de igual manera que tomarlos en dosis altas, pero con menos efectos secundarios.

– Dr. Stephen C. Textor, Nefrología e Hipertensión, Mayo Clinic en Rochester, Minnesota, Estados Unidos

 

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