Síndrome metabólico: precursor para enfermedad cardíaca
Síndrome metabólico es el nombre que se aplica a un grupo de afecciones que se presentan conjuntamente: hipertensión, exceso de grasa alrededor de la cintura (cuerpo con forma de manzana), niveles bajos de colesterol HDL (el “buen” colesterol), y niveles sanguíneos altos de azúcar, así como de las grasas llamadas triglicéridos.
Tener sólo uno de estos factores aumenta el riesgo de padecer una enfermedad cardíaca porque promueve el endurecimiento de las arterias (ateroesclerosis) y la formación de coágulos sanguíneos, cosas que contribuyen al ataque cardíaco. Al combinar estos factores, el riesgo es aún mayor. Un estudio reveló que los hombres con tres o más componentes del síndrome metabólico casi duplican su probabilidad de sufrir un ataque cardíaco o un accidente cerebrovascular, y tienen tres veces más riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas que las personas que no presentan ninguno de los factores.
Detrás de prácticamente todos los componentes del síndrome metabólico está la “resistencia a la insulina”, afección en la cual las células musculares requieren excesiva cantidad de insulina a fin de procesar el azúcar en la sangre y producir energía. Los altos niveles sanguíneos de insulina y glucosa resultantes de este fenómeno interfieren con el proceso metabólico del organismo (por ejemplo, suben los niveles de los triglicéridos y otras grasas sanguíneas) y afectan la función renal hasta llevar a la hipertensión.
La resistencia a la insulina también contribuye a: un estrechamiento de las arterias coronarias, lo que disminuye el flujo sanguíneo; espesamiento de la sangre, que hace más fácil la formación de coágulos sanguíneos; y niveles altos de marcadores sanguíneos de inflamación, los cuales se han asociado con un riesgo mayor para ataque cardíaco.
La piedra angular en el tratamiento del síndrome metabólico es el ejercicio y la dieta. Por ejemplo, realizar a diario entre 30 y 60 minutos de ejercicio de intensidad moderada, como una caminata rápida, y perder tan sólo 5 a 10 por ciento del peso corporal puede pagar con creces el esfuerzo por reducir los niveles sanguíneos de insulina y azúcar, así como la presión sanguínea. Este tipo de cambios en el estilo de vida son importantes para todos, pero lo son aún más para los pacientes con síndrome metabólico.
Si no puede alcanzar sus metas con cambios en su estilo de vida, su médico podría también recetarle medicamentos para bajar la presión sanguínea, controlar el colesterol o ayudarle a perder peso. La terapia con aspirina podría ayudar a disminuir su riesgo de sufrir un ataque cardíaco. ― Dr. Francisco López Jiménez, Enfermedades Cardiovasculares, Mayo Clinic de Rochester en Minnesota, Estados Unidos.

