Tratamientos no invasivos para la insuficiencia cardíaca
Insuficiencia cardíaca significa que el órgano no bombea suficiente sangre para abastecer las necesidades del organismo. La cirugía para la insuficiencia cardíaca no es algo inevitable, aunque es la alternativa preferida para evitar el avance de la enfermedad cuando existe una causa subyacente corregible, como un bloqueo en la arteria coronaria factible de destaparse o derivarse, o una válvula cardíaca defectuosa que puede repararse o reemplazarse.
En algunas circunstancias, podrían ayudar otros procedimientos, tales como la reducción o remodelamiento ventricular; sin embargo, es posible tratar con todo éxito a la vasta mayoría de pacientes con medicamentos y cambios en el estilo de vida.
Lo más común es que la insuficiencia cardíaca se desarrolle en el transcurso del tiempo, conforme ciertas afecciones, como la hipertensión o la arteriopatía coronaria, gradualmente minan la fuerza del corazón, dejándolo demasiado débil o rígido para bombear eficazmente. Entre los síntomas normalmente están: debilidad, falta de aire, jadeo constante, hinchazón y náusea.
Existen varias causas para la insuficiencia cardíaca y muchas se encuentran más allá del control del paciente, como una infección viral o hasta condiciones heredadas. Sin embargo, los malos hábitos ciertamente pueden agravar la insuficiencia cardíaca, de manera que corregirlos puede ayudar bastante.
Por ejemplo, debe restringirse la ingesta de sodio porque el exceso del mismo contribuye a la retención de líquidos, cosa que impone más trabajo al corazón y lo debilita antes. Igualmente, el consumo excesivo de alcohol puede debilitar al músculo cardíaco en forma directa o aumentar el riesgo de presentar anomalías en el ritmo del corazón, lo que empeoraría la insuficiencia cardíaca existente; por lo tanto, tiene sentido restringir el consumo de alcohol. Además, hacer ejercicio en forma moderada permite mantener sano el cuerpo, lo que reduce la demanda sobre el corazón.
Otros cambios deseables en el estilo de vida son: mantener un peso sano; limitar la ingesta de grasas saturadas, transaturadas y colesterol; reducir el estrés y dormir lo suficiente. Por su parte, el tabaquismo daña los vasos sanguíneos, disminuye los niveles de oxígeno en la sangre y acelera los latidos cardíacos, de manera que dejar el hábito de fumar es una de las mejores cosas que un fumador puede hacer.
Estos cambios en la conducta generalmente complementan a los medicamentos, derivando en dosis menores de éstos y, por lo tanto, en menos efectos secundarios. Entre los medicamentos normalmente empleados están los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina, que dilatan los vasos sanguíneos para disminuir la presión sanguínea, mejorar el flujo de sangre y reducir la carga de trabajo para el corazón; la digoxina, que aumenta la fuerza de las contracciones del músculo cardíaco; los betabloqueantes, que lentifican la frecuencia cardíaca y disminuyen la presión sanguínea; y los diuréticos, que eliminan los líquidos del organismo. Generalmente, estos medicamentos se administran en forma combinada.
Cuando la combinación de medicamentos y cambios en el estilo de vida no bastan, se considera la implantación de un dispositivo médico. Un marcapasos biventricular puede enviar impulsos eléctricos cronometrados a ambas cámaras cardíacas inferiores para que bombeen de manera más eficaz y coordinada. El desfibrilador cardioversor implantable (que por sí mismo no trata la insuficiencia cardíaca) puede evitar la muerte súbita a consecuencia de un ritmo cardíaco peligroso. Asimismo, se puede conectar la bomba mecánica llamada “dispositivo de ayuda ventricular izquierdo” (DAV izquierdo) a un corazón debilitado para ayudarlo a bombear.
Los DAV izquierdos (que realizan hasta 90% de la labor que un corazón artificial haría), originalmente sirvieron como dispositivos de “puente” para ayudar a mantener vivos a los candidatos a trasplante cardíaco durante la espera por un corazón donado, pero actualmente se los considera una alternativa al trasplante. Si bien los DAV izquierdos, a menudo denominados “bombas cardíacas”, todavía no son confiables ni de mantenimiento lo suficientemente bajo como para utilizarlos ampliamente, las versiones mejoradas pueden hacer una gran diferencia en las vidas de muchos pacientes con insuficiencia cardíaca.
Otra alternativa, casi de uso general, es la cirugía de restauración ventricular que mejora la función de bombeo mediante la reparación del aneurisma ventricular o la extirpación del tejido de cicatrización fruto de un ataque cardíaco. Dicho tejido de cicatrización disminuye la eficiencia del corazón y al extirparlo, el músculo cardíaco restante puede funcionar de manera óptima.
El trasplante cardíaco es el último recurso, puesto que requiere que el paciente tome medicamentos para inmunosupresión. La mayoría de receptores de trasplante retoma sus actividades normales en cuestión de tres a seis meses, y las tasas de supervivencia son de casi 86% después del primer año y de 72% luego de transcurridos cinco. Desgraciadamente, los donantes de órganos son escasos y no todos los órganos potencialmente utilizables se ofrecen para trasplante.
Pese a lo expuesto, en la mayoría de casos de insuficiencia cardíaca, todo lo que se requiere es una combinación de terapias no invasivas.
Dr. Thoralf M. Sundt III, Cirugía Cardiovascular, Mayo Clinic en Rochester, Minnesota, Estados Unidos

