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Es el caso N° 16 del mundo

Logran que una beba sobreviva a un difícil embarazo

Era un embarazo triple, pero con dos bebas siamesas
Luisana junto a su mamá (Foto: Htal. Austral) Luisana junto a su mamá (Foto: Htal. Austral)

Alejandra Sánchez, de 32 años, casada y madre de 5 hijos, vive en la localidad de Capilla de Señor. En enero quedó embarazada de un supuesto sexto hijo. Pero en junio de este año, cuando ya cursaba un embarazo de 24 semanas, su obstetra la derivó a la Unidad de Medicina Fetal del Hospital Universitario Austral, porque su embarazo era múltiple, pero con un bebé polimalformado.


En el Austral se le diagnosticó un embarazo triple formado por un par de gemelas siamesas y una tercera gemela normal. Las siamesas estaban fusionadas en la mitad superior del cuerpo, compartiendo el corazón y la cabeza. En esta última no se formó la calota craneana, lo cual produce un cuadro conocido como anencefalia, que lleva a la destrucción de la corteza cerebral y que lamentablemente significaba que estas bebés iban a morir poco después de nacer.

“No podríamos curar al bebé fusionado, pero teníamos un problema adicional: la vida del bebé sano corría un grave peligro debido a que el líquido amniótico, en el saco del siamés, iba aumentando progresivamente cada semana como consecuencia de su incapacidad de deglutir, lo cual eventualmente podría producir un parto prematuro severo. La clave era tratar de encontrar una forma de reducir el riesgo de prematuridad en el feto sano, sin perjudicar al enfermo", explicó el doctor Adolfo Etchegaray, director de la Unidad de Medicina Fetal del Hospital Austral.

Según la literatura científica, este es el primer caso de embarazo múltiple de gemelos fusionados anencefálicos junto a un bebé sano que se conoce en la Argentina, y el primero a nivel mundial en el cual se realizó una intervención intrauterina para proteger al bebé sano, sin agredir al enfermo. “Fuimos siguiendo semanalmente el embarazo, midiendo la longitud del cuello uterino de la madre, que es una forma de saber cuándo el riesgo de parto prematuro se vuelve inminente. Sabíamos que en algún punto tendríamos que intervenir, pero no quisimos hacerlo antes de que el riesgo fuera mayor que el beneficio”, explicó Etchegaray.

En julio, cuando la madre comenzaba a cursar las 29 semanas de embarazo, el aumento de la tensión abdominal llevó al experto en Medicina Fetal a decidir realizar un amniodrenaje para descomprimir el útero y permitir que el embarazo continuara hasta una edad gestacional menos peligrosa para el nacimiento.

“El amniodrenaje es un procedimiento relativamente simple en el arsenal del especialista en medicina fetal, que consiste en evacuar con una aguja el exceso de líquido amniótico para prolongar el embarazo. En este caso se extrajo un litro y medio de liquido, lo cual produjo un importante alivio a la paciente y redujo el riesgo de que el nacimiento se produjera tan tempranamente. Un bebé que nace a las 29 semanas tiene un riesgo de morir del 10 al 15% y un riesgo de quedar con discapacidad del 20-30%, mientras que a las 32 semanas la probabilidades son del 3 al 8%, respectivamente”, dijo Etchegaray.

“Lo novedoso de este caso no fue precisamente el amniodrenaje, sino el enfoque de un caso tan raro en el que no sólo queríamos actuar correctamente desde el punto de vista médico, sino también desde el punto de vista bioético. En la gran mayoría de los pocos casos publicados en la literatura se procedió directamente a finalizar todo el embarazo o se realizó un feticidio selectivo del feto siamés, a veces incluso produciendo la muerte del sano, involuntariamente. Este caso muestra que en situaciones como esta existen formas de proteger al feto sano, sin ir en contra de la dignidad de su hermano gravemente enfermo”, agregó.

El 12 de agosto fue el día clave. Se programó una cesárea para reducir el riesgo de complicaciones para el bebé sano y de una cirugía más dificultosa a edades gestacionales más avanzadas. Luisana, la beba sana, nació con un peso de 1770g gramos y permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatológicos. Vanesa, así se llamaron las siamesas, tan sólo vivió media hora, tal como se esperaba desde que se realizó el diagnóstico.

Etcheragay contó que “Vanesa, que sabíamos que moriría poco después de nacer, tuvo el mismo nacimiento que su hermanita Luisana, fue aceptada por sus padres y tuvo un nombre. Estuve al lado de ella durante los 30 minutos de su corta vida mientras terminaban de operar a su mamá. Tuvo el tratamiento digno que merece todo ser humano. Incluso sus padres tuvieron la posibilidad de bautizarla”.

 

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